Historia

LA FAMILIA SALESIANA

Familia SalesianaEl lema inspirador de los y las salesianas es “ Da mihi animas, caetera tolle” distingue a la Familia Salesiana en su mismo espíritu que, apoyado en sus tres grandes amores de la Eucaristía, María Auxiliadora y el Papa, enlaza con profunda interioridad de unión con Dios su vida llena de intenso trabajo y revestida de amable alegría.
Igual es también el secreto de su eficacia educativa, basado en la práctica del Sistema Preventivo y su trinomio pedagógico “Razon, religión y Amor”

Es una idea original de Don Bosco y sobre la fundación concreta de los grupos originarios, suscitados y cultivados por él: los Salesianos de Don Bosco, las Hijas de María Auxiliadora, la Asociación de los Cooperadores Salesianos, la Asociación de los Devotos de María Auxiliadora. La semilla sembrada por Don Bosco ha crecido hasta convertirse en un árbol frondoso y robusto, verdadero don de Dios a la Iglesia y al mundo. En efecto, la Familia Salesiana ha vivido una auténtica primavera.

A los grupos originarios se han unido, bajo el impulso del Espíritu Santo, otros grupos que, con vocaciones específicas, han enriquecido la comunión y ampliado la misión salesiana.

Hoy es evidente a los ojos de todos cómo ha aumentado la Familia, se ha multiplicado el trabajo realizado y el que soñamos; se ha extendido sin límites el campo de acción en beneficio de tantos jóvenes y adultos. De todo esto damos gracias al Señor y tomamos conciencia de nuestra mayor responsabilidad, precisamente porque como toda vocación, también ésta de la Familia Salesiana está al servicio de la misión, en nuestro caso de la salvación de la juventud, especialmente la más pobre, abandonada y en peligro.

1.1. La «semilla» carismática

El espíritu, la mentalidad, la experiencia pastoral, la visión del mundo y de la Iglesia llevaron a Don Bosco hacia algunas convicciones y a las iniciativas correspondientes:
— la misión universal de salvación de la Iglesia, que debe asumirse de manera solidaria, de salvar todo el hombre y a todos los hombres. Dentro de tal misión sus hijos y seguidores se deben caracterizar por la preferencia hacia los jóvenes, los pobres, los pueblos no evangelizados;
— la utilidad, más aún, la urgencia y la necesidad impelente de unirse espiritualmente y de asociarse operativamente para empresas que respondan al fin indicado;
— las posibilidades de que el espíritu que se le había dado tenía que ser vivido en diversos estados de vida y, por tanto, tenía que contribuir a través de la unión de los «buenos» a la gran misión de la Iglesia, insertándose en ella con «las prioridades» salesianas;
— la fundación de los primeros grupos: reunidos espiritualmente alrededor de la experiencia oratoriana, como misión, como estilo, como método y como espíritu:

  • con diverso vínculo respecto de la Congregación Salesiana (núcleo original),
  • con diversa consistencia asociativa;
  • con diverso nivel de compromiso público cristiano como requisito de pertenencia.

— La función histórica de los SDB, de las FMA, de los SS.CC.

La semilla bajo la nieve: el crecimiento silencioso

Estas intuiciones se han desarrollado según la comprensión que los seguidores de Don Bosco podían tener en el contexto de una cierta visión y vida de Iglesia. Este desarrollo se nota:

— en la permanencia y extensión de los grupos fundados por Don Bosco;
— en las actualizaciones y revisiones periódicas de los elementos organizativos y espirituales;
— en el sentido de las relaciones vitales que estos grupos mantienen entre sí.

Mientras tanto, otros grupos han ido surgiendo en diversos continentes con características análogas, porque fueron fundados por Salesianos.

Entre éstos ciertamente emerge el grupo de las Voluntarias de Don Bosco, traducción del espíritu salesiano en la secularidad consagrada, que era también una novedad en la Iglesia.
Las nuevas condiciones creadas por el Concilio Vaticano II (Iglesia comunión, renovación de los Institutos de vida consagrada, vuelta al carisma original, emergencia del laicado) han llevado a descubrir y a evidenciar el carácter de «familia» carismática que la constelación de grupos surgidos podía tener, y a formular también orientaciones operativas en ese sentido: comunicación entre los grupos, expresiones de comunión, función animadora de los Salesianos, el Rector Mayor como referencia significativa, elementos comunes de la espiritualidad.

Esta nueva mentalidad, sin embargo, debe todavía pasar del papel a la vida de cada grupo y a la vida de cada miembro de los grupos, con el fin de que la Familia Salesiana se viva como una dimensión de su vocación. «¡Sin vosotros, ya no somos nosotros!».

El árbol y el bosque: un desarrollo exuberante

Algunos hechos han acompañado y sostenido el desarrollo de la Familia:
— Se ha solicitado formalmente y reconocido públicamente la pertenencia de los grupos que habían surgido después de la muerte de Don Bosco.

En su conjunto los grupos oficialmente reconocidos son 23:

1. La Sociedad de San Francisco de Sales (Salesianos de Don Bosco) SDB
2. El Instituto de las Hijas de María Auxiliadora (FMA)
3. La Asociación de los Salesianos Cooperadores (SSCC)
4. La Asociación de María Auxiliadora
5. La Asociación de los Antiguos Alumnos y de las Antiguas Alumnas de Don Bosco
6. La Asociación de los Antiguos Alumnos y de las Antiguas Alumnas de las Hijas de María Auxiliadora
7. El Instituto de las Voluntarias de Don Bosco
8. Las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María
9. Las Salesianas Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús
10. Las Apóstoles de la Sagrada Familia
11. Las Hermanas de la Caridad de Miyazaki
12. Las Hermanas Misioneras de María Auxiliadora
13. Las Hijas del Divino Salvador
14. Las Siervas del Corazón Inmaculado de María
15. Las Hermanas de Jesús Adolescente
16. La Asociación Damas Salesianas
17. Los Voluntarios Con Don Bosco
18. Las Hermanas Catequistas de María Inmaculada Auxiliadora
19. Las Hijas de la Realeza de María Inmaculada
20. Los Testigos del Resucitado 2000
21. La Congregación de San Miguel Arcángel
22. La Congregación de las Hermanas de la Resurrección
23. La Congregación de las Hermanas Anunciadoras del Señor.

— Han nacido también otros grupos que esperan que maduren las condiciones para ser formalmente reconocidos como miembros de la Familia Salesiana; mientras tanto, se cultiva el terreno en el que otros grupos podrían todavía manifestarse.

— La Familia Salesiana ha reflexionado sobre la propia identidad (cfr. ACG 358), sobre los elementos que se refieren a su consistencia y unidad, sobre su organización para la comunicación (cfr. Carta de la Comunión y Carta de la Misión).

— Cada grupo ha tratado de reforzarse, dándose Estatutos o Reglamentos de Vida, líneas para la formación de los miembros, síntesis de la propia específica espiritualidad salesiana, y comprometiéndose a mejorar la organización y encontrar caminos u oportunidades de crecimiento y desarrollo.

— Se ha hecho un esfuerzo común para profundizar las posibilidades y definir las modalidades de comunión entre todos; ha sido referencia válida, primero, la Carta de la Comunión y, luego, la Carta de la Misión, que es preciso seguir difundiendo, estudiándolas y realizándolas.

En el tercer milenio: el hoy y el mañana

En el camino de la comunión

La Iglesia ha entrado en una nueva fase de comunión, marcada por los Sínodos continentales y de la Iglesia universal, por el diálogo ecuménico, por el movimiento interreligioso, por la solidaridad globalizada, por el compromiso de la reconciliación.

Características de tal comunión son:

— la revisión de los fundamentos,
— una mayor extensión,
— la comprensión más adecuada de sus condiciones,
— una mayor visibilidad,
— una mayor operatividad apostólica y misionera,
— su referencia a la misión: «La comunión engendra comunión y se configura esencialmente como comunión misionera» (ChL. 32).

Aunque la nuestra es una Familia preferentemente apostólica, por el hecho de ser familia ahonda sus raíces en el misterio de la Trinidad, origen, modelo y meta de toda familia.

Contemplando al Dios-Amor, al Dios-Comunión, al Dios-Familia, comprendemos qué significa para nosotros la misión («ser signos y portadores del amor de Dios»), la espiritualidad de comunión, el ser familia.

El Padre nos hace pensar en la amplitud del corazón por la que, miembros y grupos de la Familia Salesiana, nos acogemos y reconocemos como hermanos y hermanas, hombres y mujeres amados por Él: por Él llamados personalmente a trabajar en su campo por un mismo fin. La mezquindad del corazón humano puede levantar barreras, crear distancias y separaciones, buscar —como entre los Apóstoles— el primer puesto, en daño del Reino. A veces son nuestros miedos o reservas a la unidad misma con los otros los que producen efectos semejantes. Corazón, como el del Padre, significa afecto verdadero y profundo por los jóvenes y por cuantos consumen la vida por ellos. Se traduce en cordialidad, valoración de todos y de cada uno, reconocimiento por cuanto cada uno puede y es capaz de dar.

El Espíritu Santo nos indica una segunda actitud para construir familia: la acogida grata y gozosa de la diversidad. Manifestación del Espíritu son las muchas lenguas, los diversos carismas, los diversos miembros de un cuerpo. Son los millares de millones de hombres, cada uno plasmado singularmente como hijo de Dios. El Espíritu no se repite, no produce en serie. Don Bosco fue maestro en hacer florecer la unidad en la diversidad de tipos y temperamentos, de condiciones y capacidades. En su tiempo esta sensibilidad era menos presente. Hoy, en cambio, la diversidad constituye un desafío educativo y pastoral para la convivencia humana, para el testimonio eclesial y para la Familia Salesiana.

Diversidad quiere decir abundancia de relaciones, variedad de fuerzas, fertilidad de campos y, por tanto, fecundidad sin cálculo. ¡Qué incomparable oportunidad de diálogo, de intercambio de experiencias espirituales y educativas pueden ofrecer en la Familia Salesiana hombres y mujeres, consagrados y seglares, sacerdotes y laicos, en su singular condición de maridos, esposas e hijos, jóvenes, adultos y ancianos, obreros, profesionales o estudiantes, gente de pueblos y culturas variados, en plenitud de fuerzas o en la prueba de la enfermedad, santos y pecadores!

Ciertamente, la unidad entre diversos no es un hecho de naturaleza; pero precisamente para que nosotros tuviésemos la fuerza de superar el instinto de autoafirmación, Jesús ha pedido: «¡Que todos sean uno!» (cfr. Jn 17,11).

Jesús, el Señor, el Hijo que se ha hecho nuestro compañero de viaje, que reconcilia todas las cosas, las que están en el cielo como las que están en la tierra (cfr. Col 1,20), recapitulándolas en Dios, nos indica una tercera actitud: la voluntad de caminar juntos hacia una meta compartida, de colocarnos juntos en un espacio nada etéreo, el Reino; de formar una comunidad reconocible de discípulos que asume conjuntamente su mandato: «Id a todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Mc 16,15).

He aquí las tres actitudes indispensables para crecer en comunión: la amplitud de corazón, la acogida de la diversidad, la voluntad de caminar juntos hacia una meta compartida.

Comunión en la misión y por la misión

«La comunión genera comunión y esencialmente se configura como comunión misionera» (ChL 32). Ahora bien, en el tercer milenio nuestra meta principal es expresar, de modo más evidente, la comunión en la misión, teniendo presentes los siguientes criterios:

— Según las constantes de los orígenes y del desarrollo de la Familia Salesiana:
Una cosa ha permanecido constante, como preciosa herencia: la pasión educativa, en particular por los jóvenes más pobres a quienes ayudamos a ser conscientes de la propia dignidad de personas, del valor y de las posibilidades que su vida tiene para Dios y para el mundo.

¡«Da mihi animas»! ¡Es el lema de Don Bosco que hacemos nuestro! Nosotros miramos a los jóvenes, a su dimensión espíritual, y de ellos queremos ocuparnos para despertarles la vocación de ser hijos de Dios y ayudarlos a realizarla, siguiendo el Sistema Preventivo, es decir, a través de la razón, la religión y el cariño. Esto implica un desapego de todo cuanto nos puede distraer de nuestra entrega a Dios y a los jóvenes. He aquí el significado del «cetera tolle», que es la segunda parte de nuestro lema.

— Conforme a las condiciones del mundo de hoy:

El mundo unificado a través de la comunicación, caracterizado por la complejidad, por el carácter transversal de muchas causas, por la posibilidad de redes, ofrece un escenario nuevo para la misión cristiana, promocional, educativa, juvenil.

La Familia Salesiana tratará conjuntamente de dar espesor a la propia presencia en la sociedad e incidencia a su acción educativa: hay el problema juvenil, hay la vida que custodiar, hay la pobreza en sus diversas expresiones que se deben eliminar; hay la paz que promover; hay los derechos humanos declarados que deben hacerse reales; hay Jesucristo que debemos dar a conocer.

Esta nueva fase de la Familia Salesiana estará marcada por una ardiente y activa caridad, llena de fantasía y generosidad: la que ha hecho de Don Bosco una imagen de Jesús Buen Pastor, reconocible por los jóvenes y por la gente humilde de su tiempo. Nosotros, Familia Salesiana, estamos llamados hoy, en el siglo XXI, a modelar nuestro corazón, pobre y a veces también pecador, sobre el de Jesús en el que Dios se ha manifestado al mundo como Aquel que da la vida, para que el hombre sea feliz y tenga vida en abundancia (cfr. Jn 10,10).

Algunos campos de colaboración

Los jóvenes

Todos tratamos de trabajar con el mayor número de jóvenes con diversas iniciativas. Observamos que entre los jóvenes se están consolidando, especialmente en estos últimos tiempos, los grupos juveniles que quieren hacer un camino de crecimiento humano y de fe conforme al Sistema Preventivo, que —sabemos— no es sólo metodología, sino también un modo de concebir los contenidos. En ellos se forman los líderes, que son llamados animadores, acompañantes, etc. Se está consolidando, en particular, el Movimiento Juvenil Salesiano (MJS), en el que convergen grupos juveniles que nacen y se forman en la Familia Salesiana y que quieren formar parte de ella. Ésta es una posibilidad ofrecida a todos. Hasta ahora en la animación del MJS hay una fuerte colaboración entre los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora.

Deseo y espero que en el futuro se haga más intensa la participación también de los Salesianos Cooperadores y de los Antiguos Alumnos, promoviendo el MJS entre sus grupos juveniles.

También ésta es una iniciativa que se ha concordado entre las ramas de la Familia Salesiana más cercanas entre sí y más presentes en el campo juvenil. En efecto, FMA y SDB tienen una larga experiencia, muchas obras y organismos de animación activos ya desde hace mucho tiempo. Pero la participación está abierta a todos los demás. La participación se realiza a partir de una plataforma que se elabora en la ocasión de cada encuentro o acontecimiento.

Para los grupos juveniles es útil tener una plataforma común de formación humana, de camino de fe y de propuesta vocacional, porque todo esto realiza el concepto educativo de Don Bosco.

Por tanto, hay sinergias ya existentes y posibilidades de aperturas a otros en el Movimiento Juvenil Salesiano, que ya nota que tiene una conciencia mundial. Recorriendo la Congregación he visto cómo el mensaje del Rector Mayor mandado cada año desde Turín, con ocasión de la Fiesta de Don Bosco, agrega mundialmente a los grupos que están presentes en los diversos continentes. Hay, pues, un espacio juvenil donde podemos educar a los jóvenes también en las futuras sinergias y en la futura solidaridad.

Lo demuestra también el éxito de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que llegan a reunir, a pesar de las distancias y los costos, a jóvenes de todas las partes del mundo, pertenecientes a grupos diocesanos, a grupos animados por institutos religiosos, por los movimientos, o simplemente que se identifican con este tipo de iniciativas.

La propuesta vocacional

Unido al tema del MJS está el de la propuesta vocacional, de la orientación vocacional y de nuestro testimonio. Sabemos que Don Bosco, que tenía una gran estima de los seglares, gozaba cuando podía dar a la Iglesia sacerdotes y consagrados. En efecto, si es verdad que todos tienen igual dignidad e igual llamada a la santidad, es también verdad que en la dinámica temporal del reino de Dios hay vocaciones que mueven particularmente la comunidad eclesial. Entonces es importante que nosotros estemos unidos también en este objetivo. Haciendo hacer a nuestros grupos o a nuestros jóvenes un camino de formación humana y cristiana, les proponemos el abanico de las vocaciones, haciendo también notar el mayor compromiso de «sequela Christi» propio de algunas vocaciones específicas.

La finalidad de los grupos juveniles, formados por nuestras ramas particulares de la Familia Salesiana, no es tener un cultivo de polluelos para la propia Asociación. Nuestra finalidad es la educación cristiana y la orientación del joven en la vida. Debemos saber hacer llegar al joven la llamada de Cristo, indicando cómo en la dinámica temporal del Reino hay también vocaciones de mayor compromiso. Debemos ser capaces de suscitar en los jóvenes deseos de formación y de disponibilidad, ser capaces de orientarlos hacia vocaciones de servicio y de gran significado (entre éstas coloco también el voluntariado), todo en el realismo del Reino.

Las Misiones

Un tercer campo en el que estamos ya colaborando, un campo que la solidaridad y cooperación actual pueden ensanchar ofreciendo nuevas posibilidades, son las misiones. En las últimas expediciones misioneras se ha ido consolidando, al lado de los religiosos, la presencia de seglares, individuos, parejas e incluso familias enteras. Es precioso constatar que, dentro de la Familia Salesiana, hay grupos que incluyen el trabajo misionero en su misma denominación.

El trabajo misionero, sin embargo, tiene diversidad de expresiones y de iniciativas, especialmente en este nuestro tiempo en que se habla de solidaridad globalizada. Hay nuevas posibilidades de compromiso misionero. Hay la posibilidad de la presencia personal, hay la posibilidad del hermanamiento y la del sostén a distancia en diversas formas. Viendo la diferencia entre las distintas partes del mundo, pienso cuán precioso sería si hubiese una red de hermanamientos en grado de aportar recursos que respondan a las diversas necesidades; y donde hay fuerzas disponibles, estar abiertos a colaboraciones temporales o incluso definitivas. Esto en fase de proyecto y sucesivamente por su realización en sinergia.

El “Boletín Salesiano”

Hay otro sector, muy importante, donde ya estamos colaborando: es el campo de la comunicación en la Iglesia y en la sociedad. Cada grupo tiene el propio órgano de comunicación interna, que distribuye luego fuera del grupo. Pero sabéis que hay una revista o un órgano que nos representa a todos y es el “Boletín Salesiano”. Nosotros decimos que es un órgano para la Familia Salesiana, para el Movimiento Salesiano y para toda la opinión salesiana del mundo, que presenta el punto de vista de la Familia sobre las realidades que estamos viviendo, y abre al mundo una ventana sobre la realidad salesiana.

Es verdad que el “Boletín” está gestionado y llevado adelante por la Congregación Salesiana. Sería superfluo y pesado crear un grueso organismo de representatividad. Se está dando cada vez mayor espacio a la Familia Salesiana en el consejo de redacción y se van presentando nuestras realidades, más bien que «dividir en lotes» las páginas, lo que no es oportuno. De la imagen que el “Boletín” logra crear, todos recibimos su beneficio.

Visibilidad eclesial de la presencia salesiana como "Movimiento"

Sería interesante, a través de todas las sinergias que hay que poner en acto, obrar cada vez más como Movimiento y así tener una presencia visible en la realidad social y eclesial. Debemos superar dos peligros, que no son nada imaginarios: por una parte, un protagonismo demasiado aclamado y, por otra, un absentismo injustificable. Más que una obra de gran propaganda o afirmación declamada en la Iglesia local, debería ser bien clara nuestra presencia solidaria con el Obispo, con los sacerdotes; deberíamos mostrar nuestra capacidad de obrar por algunas causas, haciendo ver que no estamos en función de nosotros mismos, sino de la comunidad eclesial que, a su vez, está en función de la salvación del mundo.

Una cultura de la Familia Salesiana

Con el fin de que la cultura de la Familia, es decir, la visión y la mentalidad del trabajar juntos, pase a todas las ramas y a todo el árbol es indispensable que todos los socios de cada grupo se hagan conscientes de pertenecer a un vasto Movimiento de personas, nacido del corazón apostólico de Don Bosco, y se manifiesten dispuestos a las sinergias, a las convergencias, a las colaboraciones múltiples, diversas, ágiles, actualizables. No buscamos una gran organización que establezca desde el vértice las cosas que hacer, sino un fuerte impulso de espiritualidad para dar vida a las células y a los órganos, para que ellos creen las colaboraciones posibles.

De esta perspectiva nace como primera tarea la de hacer leer a todos la Carta de la Comunión y la Carta de la Misión. Se encuentran en ellas las grandes ideas que transmitir y las grandes opciones que tomar.

Pero, además del estudio de estos documentos, ayudará hacer entre los diversos grupos experiencias de convivencia, de espiritualidad, de fraternidad, de colaboración. Esto elevará el nivel de confianza recíproca, el aprecio de las posibilidades que el carisma y la Familia de Don Bosco tienen. La meta es siempre pasar de la concordia a la comunión de objetivos, a la colaboración y corresponsabilidad en proyectos comunes sobre el territorio, social y eclesial.

Algunas plataformas de colaboración y de trabajo en red que hay que promover y desarrollar

— La animación del Movimiento Juvenil Salesiano,

  • desarrollando en los diversos grupos juveniles animados por los grupos de la Familia Salesiana el compromiso de compartir y participar en el Movimiento Juvenil Salesiano;
  • implicándose en el acompañamiento de los grupos y de los jóvenes;
  • compartiendo en el camino formativo de los grupos un itinerario de educación en la fe que los ayude a descubrir y asumir la propia vocación apostólica en la Iglesia y en la sociedad.

— La animación y promoción entre los jóvenes y los adultos del Voluntariado salesiano social y misionero como respuesta salesiana a los grandes desafíos del mundo juvenil de hoy, en particular de los más pobres y en peligro.

— La promoción de vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales de especial compromiso para el servicio de la Iglesia y en particular en la Familia Salesiana, mediante:

  • la participación en las iniciativas vocacionales promovidas en la Iglesia local;
  • el testimonio de la propia vida vivida como vocación, y la presentación de las diversas vocaciones en la Iglesia y en la sociedad, de modo especial en la Familia Salesiana;
  • una particular atención y acompañamiento de los jóvenes en su camino de pareja con iniciativas adecuadas;
  • el apoyo a las familias y a los padres en su compromiso educa- tivo, promoviendo escuelas de padres, grupos de parejas, etc.

Tomado de: comentario al aguinaldo del 2009
Don Pascual Chavez Villanueva
Rector Mayor

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